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25N, Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. De nuevo llegamos a una fecha del calendario feminista imposible de eludir y con el drama de unas cifras que siguen resistiéndose a desaparecer. Un año más: Juntxs contra la violencia de género.

Si el año pasado destacamos las nefastas consecuencias que había traído la pandemia y el confinamiento para tantas mujeres, en esta ocasión queremos destacar el problema de la violencia vicaria: el daño que se le hace a las pequeñas y los pequeños de la familia, con la única intención de hacer sufrir a la madre.

Posiblemente, hasta mayo de este 2021, en pocas ocasiones se había oído repetir tanto en los medios este término. Fue entonces cuando se supo que Tomás Gimeno había aseinado a sus dos hijas, de uno y seis años, con el único objetivo de hacer sufrir a su expareja y madre de las niñas. Poco después, Martín Ezequiel Álvarez Giaccio, asesinó a su hijo de dos años con la misma intención. Estos dos sucesos sacudieron a la opinión pública en España.

Quién no recuerda, hace justo diez años, el caso de José Bretón, el cordobés que asesinó y quemó, para no dejar rastro, los cuerpos de Ruth y José. Y es que son muchos los hijos e hijas asesinados en el marco de la violencia de género. En España se contabilizan desde el 2013 y, desde entonces, ya son más de 40, como consta en los informes de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

Las terroríficas cifras sobre violencia machista, directa o vicaria, son dramáticas: más de 1100 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003, cuando se empezó a contabilizar oficialmente. ¿Cuántas antes? ¿Cuántas siguen padeciendo esta violencia y por cuestiones legales no son incluidas en estos macabros datos? ¿Cuántos hijxs viven esta realidad diariamente?

 

El caso de Andrea

Andrea fue asesinada a manos de su padre en 2003. Ese mismo día, su madre, Ángela González, tuvo una audiencia judicial para reclamar el uso de la vivienda habitual a quien había sido su maltratador. Una vez fuera, él se acercó  y la amenazó. Por la tarde, Andrea tenía que quedarse con su padre ,sin supervisión, tal y como establecía el régimen de visitas. Tras la denuncia de la madre, la policía encontró los dos cuerpos. Un año después, Ángela González, comenzó una larguísima batalla judicial. Después de diez años de lucha, ni la audiencia Nacional, ni el Supremo ni el Constitucional consideraron que el Estado tuviera responsabilidad alguna, a pesar de las 30 denuncias que había interpuesto desde su separación, avisando del riesgo.

Ángela González continuó su lucha ante la justicia internacional, de la mano de la organización feminista Women´s Link. Finalmente, y de nuevo ante la Justicia Española, en 2018 se reconoció que lo sucedido era consecuencia de la desprotección que había sufrido Ángela. El Supremo condenó al Estado español a indemnizar con 600.000 euros por responsabilidad patrimonial.

Tal vez esta condena ayude a entender que el asesinato de mujeres y sus hijos e hijas, es violencia de género y es responsabilidad del Estado. Tal vez sea el momento de recordar, no solo el nombre y apellido de cada una de esas mujeres como víctimas que han sido, sino también el rostro y los nombres de los asesinos que acabaron con ellas y con sus criaturas.

Hijos sanos del patriarcado

Resulta tan incomprensible pensar que un padre puede acabar con la vida de una hija o un hijo, que la primera reacción puede ser la de pensar que «están locos», pero no, como decía Victoria Rossel, Delegada del Gobierno Contra la Violencia de Género, sobre Tomás Gimeno: «No es un loco o un asesino en serie, es la cara del machismo». El único objetivo de estos hombres es hacer daño a la madre, y ese deseo de violencia y venganza, está por encima de sus sentimientos como padres.

Es fundamental la atención a las víctimas, pero el problema es el hombre violento, demos la importancia que se merece a educar en igualdad y desde el respeto, a tratar a estos asesinos como lo que son, hijos sanos del patriarcado que se remueven por la pérdida de control ante quien fue su pareja. No son locos, son asesinos.

 

Estuve 15 días planeándolo todo, porque quería hacerle daño a ella. Tranquilos, los niños no sufrieron. Yo jamás les haría daño. José Bretón.

 

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